Al ser felices se produce una compleja interacción de neurotransmisores y hormonas. La alegría, una de las emociones más básicas y naturales del ser humano, despierta una sensación de plenitud y calma.

Este sentimiento positivo, generado por sucesos favorables, se traduce en placer y satisfacción, influenciando el estado físico y mental de manera significativa.

La palabra alegría, derivada del latín alacer o alacris, significa rápido, vivaz o animado.

Más que una simple emoción, la alegría implica una serie de manifestaciones externas e internas que impactan en nuestro día a día.

Cuando se refiere a la alegría, se habla de una emoción que se manifiesta de diversas formas.

Por un lado está la alegría activa, que busca compartir el placer experimentado con quienes nos rodean.

Por otro lado está la alegría pasiva, vivencia más íntima y personal, que no necesariamente se exterioriza de manera evidente.

La felicidad cumple diversas funciones a nivel social y biológico.

Socialmente, ayuda a mantener una buena disposición para las relaciones, fomenta la comunicación y fortalece los vínculos emocionales.

Biológicamente, la felicidad contribuye a la reproducción, al hacernos más atractivos a los ojos de otros.

En cuanto a su efecto físico, la alegría modifica la expresión de nuestro rostro, provocando sonrisas y risas que afectan positivamente nuestro sistema cardiovascular, muscular y digestivo.

Además, reduce el estrés, mejora el estado de ánimo y fortalece el sistema inmunológico.

Los beneficios de la felicidad

Psicológicamente, la felicidad nos ayuda a aceptar situaciones adversas, mejora nuestra autoestima y creatividad, y promueve relaciones sociales más estrechas.

Las hormonas de la felicidad, dopamina, oxitocina, serotonina y endorfinas, desempeñan un papel crucial en nuestro estado anímico y bienestar emocional.

La dopamina, conocida como la hormona del placer, está relacionada con la motivación y el sistema de recompensa.

Su liberación impulsa a alcanzar objetivos y brinda una sensación de satisfacción ante logros inesperados.

Por otro lado, la oxitocina, u hormona del amor, promueve la conexión emocional y reduce la tensión arterial, mejorando la cicatrización y reduciendo el dolor

La serotonina, responsable del equilibrio emocional, se produce a partir del triptófano, presente en alimentos como la pasta o el arroz. Esta hormona nos ayuda a gestionar la ira y mantener una visión positiva de la vida.

Finalmente, las endorfinas, sustancias similares a la morfina, actúan como potentes analgésicos naturales y se liberan durante el ejercicio físico, la excitación y la alimentación.

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