Han ocurrido dos hechos que marcan los cambios que veremos en el futuro. El primero son las más recientes cifras de población de China, que por primera vez en 60 años arrojó números negativos. El segundo es el auge de apps relacionadas con la inteligencia artificial.

Las proyecciones de natalidad mundial nos muestran un descenso en la población china y un ascenso de India, el cual será el país más poblado a finales de siglo.

Menores nacimientos implican menos mano de obra disponible. Esto comprometerá la productividad de los países en los que la disminución se presente.

En este escenario, la aplicación de la inteligencia artificial nos muestra que existen trabajos con el potencial de ser reemplazados por esta tecnología, algo que en algunos casos ya está ocurriendo.

En 1996, el maestro del ajedrez, Garry Kasparov, perdió contra el programa Deep Blue.

Con ello fue el primer damnificado por la inteligencia artificial. Hoy, sin duda, la explosión de aplicaciones y soluciones que veremos creará una mayor presión para una capa de la sociedad que no ve a la tecnología como una herramienta para resolver problemas.

Esto nos lleva a dos mundos:

1. Uno desarrollado que está envejeciendo y que invertirá en la biotecnología, la robótica y automatización para resolver su falta de mano de obra. Esto hará que sus ciudadanos busquen ser más longevos y disfruten de mayores avances en biología y medicina. (Ejemplo: Japón y Corea del Sur)

2. Un mundo en desarrollo en el que la demografía crece junto con los índices de pobreza. (Ejemplo: África y el mundo islámico).

Basta ver las cifras de robots para entender que el primer mundo ya está trabajando en este asunto: hoy Corea del sur, Singapur y Japón son los países con mayor mano de obra por cada 10 mil trabajadores.

Foco en las soluciones

Una cosa es que se emplee a la inteligencia artificial para el copywriting o para trabajos repetitivos y otra es la respuesta a preguntas que tienen décadas sin ser resueltas.

Un ejemplo de lo segundo es AlphaFold, la inteligencia artificial de Google que ha logrado predecir por sí misma la estructura de todas las proteínas conocidas.

Lo interesante es que a partir de este conocimiento podremos crear nuevas proteínas y estructuras biológicas y curar enfermedades como el cáncer.

Las preguntas que debemos hacernos son:

•¿Qué problemas resolverá la inteligencia artificial?

•¿Dónde habitará la nueva revolución tecnológica?

Desde nuestro punto de vista, veremos una gran innovación en biotecnología, materiales y en el entendimiento de cómo producir computadores cuánticos.

Esto, como todas las revoluciones, generará nuevos empleos y desafíos.

Sobre todo en el sistema educativo, que nos ha formado para realizar trabajos que las máquinas pueden hacer de una forma eficiente y a bajo costo.

Sin embargo, la inteligencia no solo es definida por la capacidad de procesamiento, también lo es por el tipo de problemas que resuelve.

De nada sirven estas herramientas, sino nos enfocamos en resolver los principales problemas de la humanidad.

Sí, estamos en el comienzo de la era de la inteligencia artificial, pero aún no hemos logrado resolver asuntos claves como el cambio climático.

Ahí radica la oportunidad detrás de estos avances.

Imagen principal vía Wikimedia Commons